En un mundo que siempre grita, a veces olvidamos que el amor también se vive en lo silencioso, en los gestos que parecen pequeños pero que sostienen lo importante.
Hay un amor que se siente en la rutina, en esos momentos que no se anuncian, en elegir a alguien, o a ti misma, una y otra vez, sin necesidad de testigos.
Este San Valentín queremos hablar de ese amor que no necesita fecha marcada en el calendario, ni flores, ni promesas en voz alta. Es el amor que se demuestra en lo cotidiano: un mensaje inesperado, una sonrisa compartida, un abrazo sin motivo, un instante que dice “estoy aquí” sin que haga falta explicarlo. No hablamos de amores perfectos, sino de amores reales. Del que se vive con presencia y conciencia, del que se comparte con parejas, amigas, hermanas, madres e hijas, y también del que nace contigo misma.
No hablamos de amores perfectos, sino de amores reales. Del que se vive con presencia y conciencia, del que se comparte con parejas, amigas, hermanas, madres e hijas, y también del que nace contigo misma.
Amar es un acto de atención, de cuidado, de dedicación silenciosa que no busca aplausos ni reconocimiento. Es elegir cada día, con intención, a quienes queremos y a nosotros mismos.
Porque todo el amor se celebra, incluso el que nadie ve, el que no hace ruido, el que simplemente es. Este San Valentín celebremos todos los amores.